13 diciembre 2019

¿Qué es un LMS? Conoce su definición y aplicaciones

José Luis Serrano

¿Qué es un LMS? Conoce su definición y aplicaciones

Formar, integrar, gestionar talento e incluso detectar problemas es tan solo parte de lo que pueden llegar a hacer los LMS. ¿Aún no sabes de qué estamos hablando? Sigue leyendo y mantente al día de la tecnología que impulsará tu empresa.

El mundo de hoy ya no es el que era. La tecnología ha entrado en todos los ámbitos de nuestra vida, desde la comunicación al entretenimiento o el comercio. Ya no hacemos casi nada como hace diez años. En el ámbito de la formación las cosas no son diferentes. Las posibilidades que tenemos para aprender y recibir formación se han multiplicado. Tenemos acceso a conocimiento y material formativo de altísima calidad en nuestra mano, en cualquier momento y desde cualquier lugar. Esta explosión del acceso al conocimiento es posible gracias a los sistemas de gestión del aprendizaje o LMS, que son su motor tecnológico.

Pero, ¿qué es exactamente un LMS?

Un LMS (Learning Management System) es un sistema informático que cubre todos los aspectos de la formación: desde el acceso a contenidos hasta la evaluación el progreso, pasando por la supervisión de los procesos de aprendizaje. Con nosotros desde los años 60 (para los más frikis, aquí os pasamos un enlace donde se habla del primer LMS ), no ha sido hasta la llegada de Internet cuando han desarrollado todo su potencial.

Internet les ha dado la posibilidad de acceder desde cualquier sitio a los materiales formativos, y en cualquier momento, dando así posibilidades a los estudiantes de gestionar su tiempo y ritmo de aprendizaje de forma autónoma. Esta autonomía se ha multiplicado con el gran éxito de la tecnología móvil, que ha llevado a nuestros bolsillos ordenadores muy potentes capaces de reproducir y gestionar contenido formativo de muy alta calidad.

Aunque estos sistemas tienen su origen en el e-learning, donde el contenido solo se acede de forma remota, también son muy potentes cuando se combinan con impartición de clases presenciales, en lo que se conoce como “blended learning”. Obviamente, el tiempo pasa y los LMS han ido evolucionando. Hoy en día ya no nos conformamos con estudiar con un documento PDF o una presentación. Incluso los contenidos más interactivos, como SCORM, empiezan a perder peso frente a material más moderno, como los videos interactivos, modelos 3D o el uso de realidad mixta o virtual.

¿Sus ventajas?

Desde el punto de vista corporativo, estos sistemas son una herramienta básica para la formación de los empleados. En el entorno empresarial, la formación no es una actividad aislada. Los LMS hoy en día deben permitirnos conectarnos repositorios de contenidos corporativos para organizar y reutilizar el material.

Desde el punto de vista tecnológico, estos sistemas deben permitirnos una integración “sin costuras” con el resto de sistemas corporativos: desde la gestión del talento hasta los sistemas de información o los sistemas de gestión de la innovación. De este modo, potenciamos la formación al combinarla con la información que reside en los otros sistemas de la empresa.

Otro aspecto que debemos tener muy presente al pensar en un LMS es la ciberseguridad. ¿Quién puede acceder a qué contenidos? ¿Cómo puedo proteger el contenido sensible que se encuentra en el contenido formativo?

También pueden ser una gran ayuda para la gestión del talento en la empresa, porque es una herramienta que puede fomentar el sentimiento de compromiso mediante técnicas de gamificación y socialización. Por otro lado, si lo combinamos con herramientas inteligentes como chatbots de cuestionarios (como Quiz-T-bot), conseguiremos una efectividad altísima de la formación. Y si, además, el LMS está basado en un modelo constructivista, permitirá a los alumnos elaborar sus propios contenidos que quedan almacenados para el resto de los empleados, dando forma al conocimiento colectivo.

El uso de técnicas tan actuales como el aprendizaje automático y la ciencia de datos también tienen aplicación en esto sistemas, por ejemplo, para detectar situaciones de estudiantes con riesgo de abandono.

Por último, debemos recordar que “el hábito no hace al monje”. No basta con tener una herramienta de alta tecnología que dé soporte a la formación. Lo importante es que tengamos un diseño instruccional que dé forma a todo el contenido que se alberga en nuestros sistemas de gestión del conocimiento.

José Luis Serrano

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